Tenemos que estar preparados, por @gladyssocorro – LaPatilla.com

Si Nicolás Maduro no va a renunciar ni a negociar su salida, si los militares no están dispuestos a sacarlo, si la Comunidad Internacional no está ganada a la posibilidad de intervenir militarmente en el país, y si nosotros los venezolanos no estamos dispuestos a seguir en las calles por las razones que sean, entonces ¿qué nos queda? Cerrar filas, organizarnos y retomar el camino electoral. Nos guste o no para allá vamos. Nos guste o no las salidas mágicas no existen. Nos guste o no la vía es contarnos.

Es hora de aterrizar. Este año es decisivo en esta lucha. Las elecciones parlamentarias son un hecho, están contempladas en la Constitución. En teoría, a partir de julio se debería activar el cronograma electoral, seis meses antes de los comicios de diciembre. Sin embargo, aunque la experiencia de estos 20 años de chavismo nos dice que tenemos que estar preparados para cualquier eventualidad y cambios en las jugadas, se acaba febrero y todavía no hay consenso en el G4 sobre si participaremos o no en las elecciones.
El tiempo se agota y Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular siguen deshojando la margarita.

La avasallante realidad nos obliga a
caminar, comer chiclet y hacer bombitas a la vez. Debemos cerrar filas y estar preparados para cualquier escenario. Mientras se profundiza la presión internacional a través de las sanciones a la administración de Maduro y se adelantan las postulaciones ante la Asamblea Nacional para la designación del nuevo Consejo Nacional Electoral, en la oposición debemos tener listas las baterías para enfrentarlos en caso de que nombren un nuevo poder electoral vía Tribunal Supremo de Justicia o adelanten la fecha del proceso. Así mismo, tenemos que agotar todas las vías en función de lograr las mejores condiciones posibles para realizar esos comicios como son, aparte de la depuración del CNE, la habilitación del voto de la diáspora en el exterior y la observación internacional durante todo el proceso. Claro está, aunque la lucha es por la realización de las elecciones presidenciales, sería imperdonable que a estas alturas nos dejáramos meter doble play.

Entendamos algo: por más que hayan 2 presidentes, 2 asambleas y 2 TSJ, el bloque opositor no tiene la fuerza para parar las elecciones que el oficialismo convoque pero sí tenemos la fuerza y el respaldo internacional para evidenciar ante el mundo cualquier fraude electoral que hagan o pretendan hacer para robarse las elecciones. Y a las pruebas me remito ¿Qué pasó cuando en el 2005 no participamos en la elección de nuestros diputados? La AN se tiñó de rojo y ampararon todos los desmadres de Chávez, entre esos las leyes habilitantes que ya los venezolanos habíamos rechazado. ¿Y qué pasó cuando decidimos participar en las parlamentarias en el 2015? Nos contamos, ganamos las dos terceras partes, obligamos al Ejecutivo a incurrir en irregularidad tras irregularidad que hoy sustentan su negro expediente a nivel mundial y convertimos la Asamblea Nacional en el único poder constituído aceptado, respetado y respaldado por los gobiernos más fuertes del globo.

Los partidos políticos son los llamados a liderar esta ruta. Son los que tienen el músculo para engranar a la colectividad con la plataforma electoral. Sólo en bloque podremos avanzar. Seguir empeñados en la abstención es suicidarse y llevarse por los cachos a todo un país que está desesperado por un cambio de gobierno y de sistema. Tenemos que estar preparados porque las elecciones vienen sí porque sí. Incluso, si los gringos incluyesen en abril a Venezuela en su lista de patrocinadores del terrorismo y nos trataran en adelante bajo la óptica de la Ley Patriota, incluso así en algún punto tendríamos que ir a elecciones y si no estamos organizados nos matan en raya.

Gladys Socorro
Periodista
Twitter: @gladyssocorro

Esta publicación se publicó originalmente en Página 2 – LaPatilla.com – Ver artículo original

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Sobre el Autor

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Haber vivido e invertido en Venezuela a tiempo completo durante los últimos ocho años y haber visitado los doce años anteriores. Estudió y siguió de cerca los desarrollos en Venezuela desde 1996.