El coronavirus desata el caos en las cárceles sudamericanas

Últimas noticias venezuela

Varias cárceles de Sudamérica experimentaron motines en los últimos días como consecuencia del temor de los reclusos de contraer COVID-19. En Colombia, Argentina, Perú y Venezuela, las revueltas tuvieron desenlaces fatales.

La pandemia de coronavirus no solo afecta a las personas que deben dejar de circular por las calles. A medida que los días pasan, y los gobiernos incrementan las medidas, la población carcelaria de muchos países afectados comenzó a reclamar medidas sanitarias para evitar los contagios dentro de las cárceles. 
Pronto, los reclamos se convirtieron en intentos de fuga o motines que, en varios casos, acabaron siendo sangrientos.
Los internos de al menos ocho penales de Colombia se amotinaron en la madrugada del domingo 22 de marzo. La revuelta se inició con la quema de colchones y, según comunicaron los reclusos, se debió a su intención de obtener la libertad ante la preocupación por las condiciones de hacinamiento y la falta de cuidados para evitar contagios de COVID-19.

Las revueltas, reportó la revista colombiana Semana, afectaron a las tres principales cárceles de Bogotá: La Modelo, La Picota y El Buen Pastor. También hubo incidentes en otros penales como ‘La Picaleña’ de Tolima (oeste), ‘Cómbita’ en Boyacá (centro), ‘Palmira’ y ‘Jamundí’ en Valle del Cauca (suroeste) y ‘La Dorada’ en Caldas (centro).
Los incidentes fueron contenidos por la Policía colombiana pero dejaron un saldo de 23 internos muertos y 83 heridos. Al tiempo que la ministra de Justicia Margarita Cabello destacaba que el operativo de seguridad impidió una fuga, la Fiscalía General de la Nación anunció el inicio de una investigación penal para establecer las responsabilidades en las muertes.
Los reclusos argentinos también comenzaron a movilizarse en reclamo de medidas de higiene para prevenir los contagios por el coronavirus, horas después de que el presidente argentino, Alberto Fernández, decretara una cuarentena obligatoria para toda la población.

«Esto no es un motín, es un reclamo», decía en una de las sábanas colgadas en el techo por los reclusos del penal de Coronda, ubicada a 45 kilómetros de la provincia de Santa Fe. Otra de las sábanas iba dirigido a las autoridades carcelarias: «Cumplan con el protocolo de higiene COVID-19». La protesta fue repelida por la Policía con balas de goma y culminó con un interno asesinado y varios heridos.
La cárcel de Las Flores, ubicado también en Santa Fe, vivió una revuelta simultánea a la de Coronda. Los internos quemaron colchones y, tras un enfrentamiento con la guardia, dos murieron y otros dos resultaron gravemente heridos y fallerieron horas más tarde en un hospital.
El sistema penitenciario chileno también se vio afectado por el pánico de los reclusos a infectarse con el nuevo coronavirus. El incidente más grande ocurrió en Santiago 1, el penal más grande del país, donde un rumor comenzó a inquietar a los internos en las primeras horas del jueves 19 de marzo: un interno llegado desde Francia estaba infectado y ya había ocho reclusos con COVID-19.

Según el diario nacional La Tercera, el rumor inquietó a los privados de libertad, que comenzaron a protestar contra la prohibición de ingresar alcohol en gel al recinto penitenciario. Los internos quemaron colchones y, según las autoridades, intentaron ejecutar un plan de fuga del que participarían unos 200 hombres. El escape fue abortado por la Policía.
Un rumor también desató desórdenes en la cárcel de mujeres de San Miguel. Las internas intentaron amotinarse luego de que se propagara la información de que, producto de un brote de COVID-19, separarían a las internas con lactantes, consignó el diario chileno.
La decisión de las autoridades carcelarias del estado brasileño de Sao Paulo de interrumpir las visitas y restringir las salidas como forma de prevenir contagios por coronavirus no fue bien recibida por los internos. 
Se iniciaron así varias revueltas que culminaron con la fuga masiva de 1.379 presos de Mongaguá, Tremembé, Porto Feliz y Sumaré el 16 de marzo. Tres días después, la policía estadual comunicó que había logrado recapturar a 754 de los fugados, consignó el portal brasileño g1. También hubo revueltas en Mirandópolis, aunque sin fugas.
Los problemas carcelarios comenzaron el 18 de marzo, cuando internos de una cárcel en Piura,en el noreste del país, se resistieron «al encierro en sus celdas alegando temor al contagio de coronavirus». Según el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), el incidente culminó sin heridos.
En los días siguientes los desórdenes se repitieron en cárceles de Chiclayo y Trujillo, siempre con el temor por contagios de COVID-19 como desencadenante. También en esos casos, las autoridades penitenciarias recuperaron el control, aunque la revuelta de Trujillo culminó con 2 muertos y 17 heridos, según informaron a la prensa las autoridades carcelarias.
Venezuela también sufrió los desórdenes entre internos provocados por el coronavirus. Fue en el penal de San Carlos, una de las prisiones del estado de Zulia, el 18 de marzo pasado. Unos 84 prisioneros se fugaron del centro penitenciario. Las autoridades lograron recapturar a seis de ellos, al tiempo que 35 fallecieron en enfrentamientos con la Policía.

Esta publicación se publicó originalmente en Sputnik Mundo: noticias de última hora y de actualidad mundial – Ver artículo original

Por favor, siga y nos gusta:
error

Sobre el Autor

Admin
Haber vivido e invertido en Venezuela a tiempo completo durante los últimos ocho años y haber visitado los doce años anteriores. Estudió y siguió de cerca los desarrollos en Venezuela desde 1996.