Adobe se va de Venezuela, ¿y qué?

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Adobe asustó a Twitter en Venezuela. Con un comunicado muy profesional, enmarcado, parecía, en un archivo PDF, inmodificable, claro; la empresa estadounidense con sede en California anunció al mundo que debido a la Orden Ejecutiva 13884 del presidente de EEUU, Donald Trump, ya no están autorizados a prestar servicios en el país caribeño.

Adobe dice que lo lamenta mucho, siente las molestias causadas y asegura ofrecer «un aviso previo y un periodo de gracia» hasta el 28 de octubre de este año, fecha en la que, siguiendo con el sollozo formal, el «estimado cliente» ya no tendrá acceso a su cuenta ni a sus servicios.
Pero hay cabida para la esperanza. «Si hay algún cambio en las leyes actuales que afectan tu cuenta, te informaremos por correo electrónico», termina el comunicado.

Las redes se revolucionaron: Adobe es responsable de programas que se han popularizado, como Photoshop, Illustrator, Flash, Premiere Pro, AfterEffects o Audition, entre otros. La crème de la crème de los útiles modernos del diseño, la fotografía o la edición de vídeo y audio, que mal que bien se han popularizado entre una población dedicada más o menos profesionalmente a hacer sus pinitos con el paquete de opciones multimedia.
Pero la pregunta inevitable después del shock es: ¿este bloqueo de Adobe debido a las sanciones estadounidenses va a afectar realmente a Venezuela?
Responde Luigino Bracci, informático venezolano y con experiencia en el diseño de páginas webs. «Sí y no», considera. Bracci estima que en el país caribeño hay aproximadamente un millón de usuarios de Adobe, de los cuales, «la mayoría usa el paquete pirata, es decir, lo que aquí llamamos ‘quemaítos'». 
«Entendiendo que el paquete original puede costar en torno a los 500 dólares (importante recordar aquí que el salario mínimo mensual de los venezolanos es de 2 dólares al mes), muchas personas tienen que trabajar con estas alternativas de descargas piratas que encuentran en la red, así que esta sanción es indiferente para ellos», asegura a Sputnik.

Porque el paquete «quemaíto» y sus nuevas actualizaciones no entienden de bloqueos. Sin embargo, y como asegura el experto informático, «el mayor problema va a ser para la propia empresa porque en Venezuela también hay algunos usuarios que prefieren pagar su suscripción. Estamos hablando de algunas corporaciones privadas o de algunos fotógrafos freelancers, por ejemplo, que pagan por el servicio que Adobe les ofrece para guardar y compartir su catálogo fotográfico en la nube. Es una especie de red social propia que se llama Behance y que es muy útil para este tipo de perfiles», explica.
Bracci afirma que, según sus cálculos conservadores, Adobe puede perder en Venezuela en torno a los 200.000 dólares al mes, una cantidad seguramente mucho menor a la que le puede suponer una multa por parte del Gobierno de Estados Unidos. «Juegan con el miedo», concluye.
Tras el anuncio, los hackers del mundo se han lanzado en las últimas horas a hacer proselitismo de su mantra: el software libre como elección primordial para sus aparatos de tecnología y como estilo de vida; como filosofía y declaración de intenciones más allá de lo meramente práctico.
El experto informático es un férreo defensor del software libre y asegura que Venezuela ya dio sus primeros pasos para implementarlo a nivel estatal en el año 2004. En aquel entonces, el presidente Hugo Chávez decretó el uso prioritario del software libre en toda la administración pública nacional, algo que a día de hoy no se ha conseguido a pesar de que el 21 de Octubre de 2013 es promulgada y aparece en la Gaceta Oficial la Ley de Infogobierno.

Esta normativa establece «la obligatoriedad del uso de tecnologías de información libres y estándares abiertos a los poderes públicos nacionales, regionales y municipales, a los institutos autónomos, universidades, organizaciones de base del poder popular, asociaciones civiles y empresas del Estado, con el objetivo de mejorar la transparencia del Estado y garantizar la independencia tecnológica».
La decisión es consecuencia de una historia más o menos reciente. El intento de golpe de Estado que el propio Chávez sufrió en 2002 con su posterior paro petrolero que supuso pérdidas millonarias para el país y una pérdida del control de PDVSA (Petróleos de Venezuela), la principal empresa del país, se dio a través del hackeo de su cerebro electrónico. Sus computadoras estaban completamente automatizadas y en manos de los gerentes y trabajadores golpistas.
«Eso fue una lección para Venezuela», recuerda Bracci. «La parte informática de una empresa [estatal] tan importante no puede confiarse a cualquiera sino que debe estar bajo el control del Estado. Es lo que se llama ‘concepto de soberanía tecnológica’; y fue en ese momento cuando se decidió que la mejor manera de hacerlo era con software libre», agrega.
Y aunque todavía queda mucho (mucho) por hacer, el Gobierno venezolano ha avanzado bastante en el tema. Por ejemplo, el Centro Nacional de Tecnologías de Información, actualmente adscrito al Ministerio del Poder Popular para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, utiliza software libre desde hace más de una década para todo su trabajo multimedia y de diseño.

Su presidente, Kenny Ossa, observa que «hay un avance importante en la conciencia del pueblo venezolano para el uso de estas herramientas». Considera además que las sanciones impuestas por EEUU a Venezuela son «una gigantesca oportunidad porque todos los países y sociedades del mundo se crecen en el medio de las crisis y eso es precisamente lo que estamos haciendo aquí».
El titular del CNTI cree firmemente que no hay nada que no se pueda realizar utilizando software libre, y que solo hay que vencer algunas barreras culturales que todavía predominan entre algunos sectores de la población.
«El mejor ejemplo», cuenta, «es lo que hacemos con el sistema operativo nacional venezolano Canaima (un sistema operativo libre diseñado en el país e instalado en las denominadas «Canaimitas», computadoras propiedad del Estado repartidas a más de 6 millones de niños y adolescentes en colegios de todo el territorio nacional). Toda su interfaz está adaptada a la idiosincrasia venezolana; todo el juego estético, la paleta de colores, los fondos, las animaciones, todo el material gráfico y multimedia está ensamblado en nuestro sistema operativo propio con software libre diseñado por el CNTI desde hace varios años».
Otras de las ventajas del software libre que defienden ambos expertos es que se tiene acceso a sus códigos fuentes (como si dijéramos, sus «entrañas», su ADN), y se puede modificarlos si fuese necesario para evitar secretos y sabotajes.
«Además, permite estudiarlo para ver si hay una puerta trasera», explica Bracci. «Recordemos las revelaciones de Edward Snowden cuando reconoció que había una puerta trasera en la empresa Microsoft para que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de EEUU) espiara gente en todo el mundo», remarca.

El informático también defiende las aplicaciones de software libres frente a las apps comerciales. «Son muy buenas, incluso a veces son mejores, pero hay que abrir la mente porque hay un mito respecto a las que patrocina el mercado».
El mejor ejemplo puede ser Blender, un programa informático multiplataforma que permite las animaciones 2D, 3D, edición de vídeo, postproducción y efectos especiales. La multinacional cinematográfica PIXAR la está utilizando en sus creaciones más recientes; y el corto de animación «Alike», realizado por los españoles Daniel Martínez Lara y Rafa Cano Médenz y que ganó el Premio Goya a Mejor Corto de Animación en 2016, se hizo completamente usando el software libre de este programa alternativo.
Otros ejemplos de plataformas de software libre que pueden ser una alternativa al fin del mundo sin Adobe son:
Gimp o Krita, como alternativas de Photoshop (por ejemplo, el famoso artista francés David Revoy usa exclusivamente Krita para todos los diseños de sus cómics, caricaturas e ilustraciones); 
Kdenlive como editor de vídeo que puede sustituir perfectamente al Adobe Premiere; 
Scribus a InDesign; 
Audacity al Adobe Audition

El shock postraumático tras un anuncio tan mediático como la salida de Adobe del país forma parte del juego del bloqueo no formal contra Venezuela. Se trata de un juego jibarizado porque se centra, sobre todo, en crear burbujas de angustia a golpe de click en las redes sociales; y los usuarios adeptos comienzan a propagar el apocalipsis. 
El psicoterror tecnológico altera las conciencias de los millennials demasiado jóvenes para conocer la importancia de personajes como Richard Stallman, que fue, en los años 70, el creador del movimiento de software libre, y el mesías pionero en promover su difusión hasta la llegada de los gigantes de Wall Street, como Microsoft primero, o Apple después. Pero Stallman sigue vivo y no trabaja en garajes. En Venezuela no tardará en aparecer, seguramente, el club de fans a su legado irreversible.

Esta publicación se publicó originalmente en Sputnik Mundo – Noticias urgentes y análisis – radio, fotos, vídeos, infografías – Ver artículo original

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